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miércoles, 27 de mayo de 2026

Las bizarras desventuras del escritor maldito

Hoy comparto con gran orgullo la última criatura de mi amigo David Rodríguez Cerdán: el inicio de la entrega por capítulos de las alocadas peripecias de un personaje rocambolesco e hilarante que haría las delicias de Santiago Valenzuela y Charles Bukowski.

Asimismo, el autor ha lanzado una completa y exquisita web con buena parte de sus trabajos críticos y literarios previos, así como ilustraciones y proyectos destinados al mundo audiovisual. Una ventana inmejorable al mundo creativo de un talento que el mundo se merece descubrir. Dejo a continuación enlace a la web donde se puede encontrar y disfrutar de todo el material. 

David Rodríguez Cerdán

martes, 18 de junio de 2024

El último trastolillo

Esta entrada está dedicada a la creación de un amigo y por lo tanto no puedo asegurar la total imparcialidad en la crítica. Pero un relato bien contado con personajes e ideas interesantes siempre resulta estimulante, y por ello mi valoración es, independientemente de mi amistad con su creador, positiva.

EL ÚLTIMO TRASTOLILLO

Lo primero que llama la atención de esta primera "temporada" de diez capítulos y un epílogo, es la ubicación concreta de su propuesta: Astillero, una población de Santander donde se desarrolla la aventura de un personaje fantástico, el trastolillo, asociado al folclore y las leyendas de la Cantabria rural. Algo que mezclado con la ambientación naturalista y el uso ampliado de la fauna local como seres sintientes e inteligentes, otorgan al conjunto una riqueza conceptual atractiva y vistosa.

El relato se asienta sobre líneas maestras de sobra conocidas y efectivas en las historias de aventura; como el viaje (tanto físico como emocional y de auto descubrimiento), la amenaza destructora del equilibrio natural, un protagonista de buen corazón y secundarios a juego, así como acción puntual en la que los personajes se meten en líos y se salvan in extremis. La gracia de "El último trastolillo" radica en como el autor, Roberto Naval, conjuga esos elementos familiares con un escenario original, potenciado todo ello por la alocución emocionante y hermosa por parte de la narradora (soberbia Carolina Jabonero) de unos textos cuya prosa aúna contenido literario específico y la agilidad necesaria. Quizás se pueda pulir a la baja en siguientes entregas el peso poético y subir el contenido aventurero.

Destacan entre sus abundantes elementos positivos la desbordante personalidad propia de personajes secundarios como Elmer, la pegadiza melodía central que abre y cierra los capítulos, así como la espléndida producción audiovisual de los episodios en Youtube, plataforma que yo he utilizado para seguir y disfrutar del podcast, aunque se pueda encontrar también -lógicamente- en iVoox.

Para más información, sugiero acceder a link siguiente del Ayuntamiento de Astillero, población cercana a Santander donde transcurren las aventuras de Boreas, el último trastolillo. También se pueden visitar las páginas de Facebook Facebook e Instagram Instagram del podcast. Ahora solo queda esperar al comienzo de su segunda temporada.

martes, 20 de junio de 2023

La mitad del camino

Hoy cumplo 45 años. La mitad de mi camino. Al menos del que tengo planeado recorrer. Y ya se sabe qué les pasa a los planes que hacemos las personas. O mejor aún, lo que dice esa memorable frase hecha a medida en las aulas valencianas en las que un querido amigo estudió y que retuerce de manera genial un refrán español: "El hombre propone y Basil Rathbone".

LA MITAD DEL CAMINO

No es casualidad haber llegado a este momento justo a punto de iniciar el proyecto más ambicioso de mi vida; la construcción de mi casa. Imaginada, ideada, diseñada y deseada durante años, ha llegado la oportunidad y el instante de poner en marcha la construcción del sueño. Es solo una casa, y lo más importante es tener una buena vida dentro y alrededor de la misma, pero al igual que muchos otros aspectos importantes del recorrido vital, el escenario juega un papel crucial. Sobre todo cuando has alcanzado cierta madurez y ves con mejor perspectiva cuales son las prioridades para ti. Especialmente en lo relativo a cuidar de las personas que quiero y tener un lugar propio que poder ofrecerles. Un sitio mío, para ellas. Para las que son, las que están, las podrían estar y para las que vengan.

Y por qué no decirlo, un refugio tranquilo donde releer todos mis cómics una vez más, leer todos los libros que me faltan por leer (me harían falta 450 años para eso), escucharlo todo (a todo volumen cuando haga falta) muchas veces más y ver todas las películas que me sea posible. Y si puedo compartir todo eso con alguien más, tendré el mejor sitio que ha estado en mi mano crear para ello.

martes, 23 de enero de 2018

Lazarus Long: Una vida en Lisboa

Como en la maravillosa novela de Robert A. Heinlein y un poco también con el sentir de Otto a la inversa, aquella tarde, en un trayecto corto en coche, con el atardecer anaranjado de Guadalajara cayendo lentamente y con una vibrante música de fondo que te haría saltar de energía y emoción, soñé una vida entera en Lisboa. Con mi madre.

Una vida en Lisboa


En ningún sitio en particular, aunque Chiado sea mi perdición. Ni siquiera en el centro, puede incluso que ni siquiera en la propia Lisboa. Quizás en Sintra un casa rural, o un terreno para perros a las afueras de Estoril, quizás tan solo el olvido en el borde atlántico de Cascais. Con Frodo corriendo cada tarde por las orillas del mar. Imaginé una vida entera llena de posibilidades. Y todas me hacían sentir bien. Con ella a mi lado siempre es así.

miércoles, 3 de enero de 2018

Madrid, tal vez más lejos

Todo lo que valía hace 3 años, sigue valiendo ahora. Y quizás no deje de valer nunca. Pero Madrid es el lugar donde todo tiene cabida, o debería serlo. Quizás haya que irse más lejos y buscar en otras ciudades.

MADRID, TAL VEZ MÁS LEJOS...


domingo, 31 de diciembre de 2017

Feliz Año 2018

Y llegó el fin una vez más. Con la mera excusa de cumplir el cupo de las 50 entradas creo este post in extremis. El fin de año, la última frontera del recorrido imaginario en el tiempo lineal. Intentaré abrir nuevas vías más originales durante el 2018. Y espero seguir escribiendo aquí sobre cómics, música, cine, arte y otras felicidades de la vida.


miércoles, 31 de diciembre de 2014

Personas en paralelo

Hoy, último día del año, algo diferente, algo que arrastro desde hace tiempo. Buen momento para dejarlo salir, para mirar atrás sin miedo y hacia delante con esperanza. 

Anoche te ví en otro rostro. Esta noche he vuelto a verte en otra cara. Ha pasado casi un año entre una vez y la siguiente. Ha pasado mucho más desde que te ví por última vez, pero las personas se repiten en Madrid. Al menos tu parecido se repite, como el eco de una melodía que no se recuerda con nitidez, como un sueño del que no quieres salir al despertar.

PERSONAS EN PARALELO


Mientras decido que hacer con mis recuerdos, lucho contra la fuerza de lo inesperado. Los momentos en los que, cada año o así, vuelvo a verte en el un reflejo femenino, en un perfil similar, en una mirada diferente, me asaltan y dominan durante más tiempo del que me gustaría y me inquietan más allá de la razón. Y recuerdo a Ofelia y la calma del olvido, del regreso a la paz del silencio. Y deseo no recordar, no sentir más que lo imprescindible para llegar hasta el filo del mañana y ocupar la mente en cualquier otra cosa, en marcharme a cualquier otro lugar.

Ahora tengo más de lo que esperaba. Más, seguramente de lo que pensaba hace no tanto que tendría en un futuro que ahora es presente. Más, probablemente, de lo que merezco por el poco esfuerzo que empleo en ello. No se si podré conservarlo mucho más, porque no estoy convencido de ser digno de ello, pero no me preocupo demasiado. Supongo que nunca lo he hecho.

Recuerdo un tiempo diferente, en el que la expectativa brillaba como la estrella del alba, en el que el miedo no existía en el mundo y el devenir de las cosas danzaba como luciérnagas alrededor del fuego del libre albedrío. Cada minuto era una nueva oportunidad de acariciar al destino, y el destino era Madrid.

Ignorante y soñador, somnoliento e inconsciente, torpe y bienintencionado, jugando a juegos prohibidos, convencido del eterno retorno, de la vida eterna y las calles secretas de una ciudad mágica que confundo en mis sueños con retazos de muchas otras, y todas son la que escondo dentro de mí. La que solo conozco yo, o eso me digo a mí mismo. Mi ciudad, mis sueños, con esa infantil posesión como ancla y armazón del relato de lo inevitable.

Antes imaginaba instantes en un puente cercano, después veré recuerdos del oceáno que nunca llegó a comerse el borde de Madrid en los pilares de un acueducto que nunca vio agua pasar bajo la luz nocturna que refleja los sueños de alguien que inventa su vida a golpe de sonrisa, a veces forzada, a veces sincera y a veces en paralelo, cada vez que vuelve a verte, lo quiera o no.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Narrativa: Este es tu mejor amigo

Hoy algo poco transitado en este blog habitualmente dedicado a la crítica y reseñeo de cómics, pelis y series de Tv. Un texto dedicado a esos fascinantes objetos modernos que se han convertido en una extensión del cuerpo (su integración vía nueva carne cronenbergiana está a la vuelta de la esquina) para la civilización occidental.

ESTE ES TU MEJOR AMIGO

"Aquí mi fusil, aquí mi pistola" decía el Sargento Hartman mientras sujetaba su arma reglamentaria con una mano y su paquete con la otra. Todos los reclutas repetían la frase acto seguido y al unísono. También en la misma y genial película LA CHAQUETA METÁLICA había otra frase de corrido que se usaba como mantra para adoctrinar a los marines; ya saben, aquella que entre otras cosas rezaba "(...) hay otros pero este es el mío.(...)". Pues bien, aquí mi Iphone 5, mi Galaxy S3 o lo que sea es el -silencioso- grito de guerra de las hordas de viajeros de transporte público, consumidores de bebedizos en locales de cualquier índole, compañeros de trabajo durante la hora de la comida en la oficina y probablemente también familia y amigos durante las reuniones, cenas, degustaciones o encontronazos programados en sociedad.


Solo hay una ley y es la del móvil. Un único mandamiento: "Amarás tu smartphone por encima de todas las cosas". Le debes amor, respeto, obediencia y absoluta pleitesía. Serás su exclavo en exclusiva, le comprarás fundas, antivirus, aditamentos de todo tipo, le bajarás aplicaciones y responderás a cualquiera de su amplia gama de solicitudes en cualquier formato, lucecica, sonido o sintonía con inmediata y obsesiva respuesta pavloviana. Le darás su dosis de carga diaria, lo limpiarás, asearás y llevarás contigo en todo momento. EN TODO MOMENTO. ¡¡¡EN TODO MOMENTO!!! (no se si esto último ha quedado lo suficientemente claro, así que lo repito: LLEVARÁS EL MÓVIL ENCIMA EN TODO MOMENTO bajo pena de destierro social absoluto y definitivo).


Si eres lo suficientemente hortera puedes hasta comprarle (a él, al teléfono, tu dueño y señor) un soporte para el cinturón y llevarlo pegadito cual pistola del Far West o de Almería -que para el caso es lo mismo- lo más cerca posible de tu mano favorita, diestra o siniestra. Siempre en el bolsillo, siempre cerca del corazón o la cartera. Puede incluso que en lugar de ambos. No nos engañemos, yo también tengo uno (de hecho seguramente estés leyendo esta patraña disfrazada de apología anti-tecnológica desde uno y hayas razonado que esta última afirmación desarticula toda la reflexión; si así te sientes mejor allá tu), todos en esta sociedad de consumo dirigida hacia la estupidez e inanición moral de las masas a la que algunos llaman democracia tenemos al menos uno. ¡Sería de locos no tenerlo! ¿Como viviríamos sin un móvil? ¿Como respiraríamos sin internet en el teléfono? ¿Como podríamos considerarnos apenas seres humanos dóciles consumidores sin un smartphone en nuestras manos? En efecto, no podríamos.

Lo que cuenta a fin de cuentas es que tu móvil es tu identidad. En un sistema organizado en función de la apatía, el latrocinio, la dejadez y la corrupción, ¡qué menos que tener un amigo fiel que nunca te replique, conteste o haga pensar en cosas incómodas! Cosas como el mundo y las personas que te rodean. Con el puedes comunicarte con el exterior, es cierto, pero eso es lo de menos. Es mucho más importante que juegues al Candy Crush, que le des a muchos "me gusta" en Facebook a través de tu flamante pantalla táctil, que tengas tropecientos contactos activos y sonando continuamente en tu Wassup, que hasta hables con el, pero sobre todo y ante todo lo mejor que tienen los móviles, smartphones y como solían llamarse antes, teléfonos, es que hacen que no te sientas solo. Porque lamento recordártelo, lo estás. Mucho. Consiguen anestesiar esa insufrible sensación de incomunicación humana, soslayándola, camuflándola y esquivándola con tecnología de a 600 euros el cacharro.

Realmente Steve Jobs era un genio: a la debilidad humana por, para y hacia su bolsillo. La simplicidad del plan es escalofriante si lo piensas bien. Pero mejor no lo hagas, sigue jugueteando con el móvil.

jueves, 4 de octubre de 2012

Narrativa: Paikea

Hoy rebuscando en el Pc de los recuerdos he encontrado un pequeño relato inspirado en la mitología y folclore mahoríes. Haciendo memoria lo ubico entre la escucha de aquel trabajo de Lisa Gerrard y el visionado del -más que interesante- film al que corresponde dicha música; WHALE RIDER, hace ya diez años. De nuevo he intentado preservarlo lo más intacto posible pese a la bisoñez de ciertos pasajes.

PAIKEA

Hace cientos de años los pobladores de las costas del suroeste de Australia estaban pereciendo, la tierra y los alimentos se agotaban. Algunas tribus habían emigrado al norte a traves de las costas, otras al centro y algunas, se decía, habían prosperado en islas cercanas. Pero la última tribu de aborigenes había decidido permanecer en su hogar. El jefe de la última tribu de las costas del suroeste había tenido a una sola hija como descendencia; Paikea. El quería que ella tuviese un lugar que considerar suyo y por ello permanecieron allí, pues sabía que la pequeña seguramente no sobreviviría a un exodo a traves del continente.

Una noche, cuando Paikea tenía apenas doce años escuchó a su padre discutir con otros hombres de la tribu que para sobrevivir debían buscar una nueva tierra y viajar como lo llevaban haciendo incontables generaciones las ballenas que veían desde la costa con el fin de cada verano. Paikea soño esa misma noche que una ballena la llamaba desde el mar, una joven ballena azul la llamaba por su nombre bajo el agua y el sonido le llegaba nitido y claro a sus oidos. "¡Paikea!, ¡Paikea!", la ballena solo repetía su nombre y luego atravesaba cientos de kilómetros de agua, recorriendo sin parar distancias que ningún hombre podría nadar jamás. La joven se pasó todo el día siguiente mirando hacia el mar desde la costa, buscando su ballena.

Durante cuatro años la hija del jefe tuvo regularmente el mismo sueño, unas veces lo recordaba mejor y otras no, en ocasiones casi podía sentir el agua en el lomo de la ballena y el susurro del eco de su nombre en el oido, otras casi no recordaba nada. Cuando cumplió los dieciseis años la tribu estaba al borde de la desaparición, tan solo un centenar de ellos vivían de los miles que fueron en el momento de su esplendor. La noche de su cumpleaños la luna llena iluminaba la costa y Paikea tuvo un nuevo sueño, la ballena le decía que el momento había llegado. "¡Ahora!, ¡Ahora!", las palabras sonaron tan fuerte dentro de su cabeza que se despertó y corrió hacia el acantilado desde el que siempre se habían visto a las ballenas realizar su viaje y allí estaban. Una de ellas estaba más cerca de la costa que las demás y cuando Paikea la oyó, supo que era su ballena y que la estaba llamando. El momento había llegado, así que saltó desde el acantilado y cayó al mar hundiendose casi hasta el coral del fondo, nadó hasta la ballena que la esperaba y a la luz de la luna pudo ver sus ojos. Se subió a su lomo y miró el acantilado y la costa donde dejaba a su padre y su hogar mientras la gran ballena comenzaba a internarse en el mar.

Durante dos días y medio Paikea viajó sobre el lomo de la ballena sin comida, sin descanso y durante todo ese tiempo la ballena no se sumergió una sola vez, recorriendo toda esa distancia que en sus sueños ya había visto cada noche durante cuatro años. Tras el amancer del tercer día Paikea vió tierra en el horizonte. Cuando pisó la playa supo que ese sería el nuevo hogar para su tribu, para ella y el comienzo de una nueva vida. Construyó una balsa y regresó con su padre. Serían los Whangara los primeros habitantes de Nueva Zelanda y la historia de Paikea, hija del jefe de la tribu, la leyenda que todavía perdura en aquellas tierras. Hasta su muerte Paikea volvió cada noche a la playa donde la ballena la dejó, esperándo volver a verla, algo que nunca sucedió.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Comienzo Alternativo: Tierra (III)

Última entrega del relato recuperado desde el baúl de los recuerdos. Espero completar con el mismo la colocación de la primera piedra para nuevas vías de expresión en este, su, blog, buscando un acercamiento a otras temáticas e inquietudes si el tiempo y las ganas lo permiten.

TIERRA (III) de Ignacio Garrido Muñoz

El resultado del Día Cero no solo acabó con la destrucción de la tecnología. Ese hecho aislado quizás hubiese animado al hombre a comenzar de nuevo unido ahora por un espíritu más sencillo y mucho menos ambicioso pero abocado a cometer errores similares más adelante. El resultado del choque de los escudos cerca del centro de la tierra aumentó la temperatura interna de todo el planeta y cambió sensiblemente la órbita del mismo, algo que se tardaría muchos años en descubrir y que en realidad jamás se llegó a entender del todo. Pasados más de trescientos años desde el agotamiento de los recursos naturales hasta que llegó el Día Cero, la tierra comenzó a cambiar entonces. El calentamiento interno añadido a una órbita más lejana al sol, haría desaparecer totalmente los polos ya de por sí absolutamente mermados durante el transcurso de los años y modificaría su gravedad. El calor convertiría las regiones más altas y centrales de la tierra en zonas desérticas difícilmente habitables, pero las regiones nórdicas suavizarían su clima y permitirían la creación de enormes valles semisumergidos bajo el agua que en poco tiempo proporcionarían la creación de nueva vida. Con el derretimiento de todo el hielo existente la denominación de Planeta Azul cobró un nuevo significado para los habitantes de la tierra que se repartían por todo el planeta, más del noventa y dos por ciento de la superficie terrestre acabaría cubierto por el agua. Solo unas docenas de ciudades no quedaron sumergidas, eran pequeñas y sus antiguas estructuras apenas podían albergar las necesidades de sus nuevos habitantes. Algunas de esas ciudades pertenecían a antiguos países protegidos y otras a países pobres, pero al cabo pocos años ya no se hacían distinciones.

La gravedad también sufrió alteraciones que tardarían más en hacerse patentes. Pero el regalo que surgió del único y gran océano que se formó con el deshielo total fue lo que haría hacer cambiar al hombre definitivamente, lo que se nos envió como última ayuda y como símbolo de perdón absoluto pese a lo que habíamos hecho. Algunos que aun recordaban algo de los antiguos mitos, leyendas y religiones hablaron de Dios y Buda. No tuvo nada que ver con todo aquello, tan solo fue un regalo. El regalo que hizo del mundo y del hombre el lugar del que hablé al principio, un mundo en el que el hombre forma igual parte del agua que del aire y la tierra, en el que la vida es una simbiosis entre las especies que pueblan el planeta, las personas se ayudan y prosperan por el bien del otro no por el propio. Nadie sabe de donde vinieron, pero la Zona Muerta es el primer lugar del que se tiene constancia de su aparición. Allí se suponía morirían en pocas generaciones los que habían decidido acabar allí su vida. No fue así. Los nuevos habitantes de esa zona por ser extranjeros no veían restringido su ciclo vital como el de todos los antiguos seres vivos de aquel lugar, pero la tierra seguía inane, por lo que el agotamiento de los recursos que llevaron consigo los supervivientes sería la causa de su muerte. En una playa muy lejana al poblado que tardó más de veinte años en descubrirse, se descubrió vida vegetal. La tierra muerta debía de ser incapaz de regenerarse y en ningún otro rincón de aquel continente la había hecho, pero en aquella playa apareció una variante de una antigua palmera, rodeada de algas y otros vegetales. Habían pasado más de cien años desde la explosión que acabó con la vida allí y aquellos vegetales tendrían al menos varios años. En sus embarcaciones los suministros apenas alcanzarían para diez años más en el momento de encontrar la esfera.

Tras muchas deliberaciones se trasladó el poblado hasta allí, la vida en el mar cercana a esa playa parecía existir y seguir un ciclo vital autónomo. Las nuevas algas submarinas, se descubrió recubrían arrecifes de coral que se daban por desaparecidos décadas atrás. Bajo el agua la vida se abría camino mucho más aprisa que en la tierra. Los primeros niños nacidos en el poblado de la palmera nadaban como peces y aguantaban bajo la superficie un tiempo inaudito sin salir a tomar aire. La evolución era algo impensable con solo una generación, de no ser causado todo ello por alguna radiación o efecto secundario de la explosión de pulso vital. Asimismo estos mismos niños saltaban a gran altura y desafiaban la gravedad sin proponérselo. Algo que muchos de los veteranos pobladores con más de cien años y todavía vivos comenzaban a preguntarse no les habría afectado dándoles vigor y longevidad. Todos los pobladores de esa región decidieron cambiar el nombre de Zona Muerta por el de Fénix, en feliz alusión literaria mitológica. Al cabo de unos años se descubrió el origen de la vida en la isla.

Uno de los más jóvenes nadadores alcanzó una cueva submarina que debía situarse bajo la playa. Allí encontró una esfera iridiscente, del tamaño de un puño que llevó a la superficie. Días más tarde alrededor del poblado la vegetación comenzó a aparecer de forma incipiente y la tierra de los alrededores comenzó a cambiar de color. La esfera era el origen de la vida en aquella zona. Se decidió llevarla hacia el interior y recorrer toda la zona desértica del continente con las suficientes provisiones, pese a que algunos dudaban ante la idea de no tenerla cerca. Dos años más tarde tras recorrer toda la zona de costa a costa, el grupo de exploradores regresó con la certeza de no haber encontrado ninguna otra esfera en su viaje ni zona poblada por cualquier tipo de organismo. Su sorpresa fue enorme al descubrir que un nuevo grupo había salido pocos meses antes de ellos regresar para realizar el mismo camino que ellos habían tomado y que había creado a su paso un río de vida. En el recorrido que siguieron los primeros exploradores había florecido en vegetales, plantas y yacimientos de agua a pocos metros de la superficie incluso en las zonas menos frondosas de vegetación. La esfera creaba exuberancia a su paso. Incluso los reticentes a dejarla viajar no notaron la ausencia de vitalidad en sus cuerpos y ya todos buceaban a gran profundidad y durante mucho tiempo sin necesidad de aire, aunque los más jóvenes nacidos allí seguían teniendo más facilidad para ello.
Se decidió enviar la esfera a los otros tres continentes que aun asomaban sobre el gran océano. Habían pasado más de tres años desde su descubrimiento. Durante los dos siguientes años se recorrió el continente situado más al sur en el globo, por ser el más cercano a Fénix, antigua Zona Muerta, pero pese a ser éste más grande, la esfera no completó el recorrido que tenía previsto. Fue a principios del tercer año en el que el continente se recorría a cada rincón, seguida la esfera por un ocasional séquito de asombrados seguidores de ese curioso germen de existencia cuando el viaje cesó. Otra esfera apareció en un lago del interior. De nuevo se recordaron ciertos pasajes de la Biblia que hablaban de apóstoles siguiendo a Dios mientras obraba sus milagros, pero fue una idea que no llegó a adquirir peso ni consistencia entre las gentes que en otro tiempo hubiesen intentado estudiar la esfera, averiguar su origen, incluso tratar de abrirla o destruirla en un acto de torpeza inigualable. La gente había cambiado, el hombre ya no era el mismo.

Las noticias navegaron al cuarto continente al que se le prometió visitar con la segunda esfera en breve. Así se completaría el ciclo llevando ambas a las cuatro últimas zonas pobladas por el ser humano. Ni siquiera hizo falta. Al desembarcar la primera esfera en el tercer continente, se descubría en un río del otro extremo de las montañas que lo separaban una tercera. Dos meses más tarde en el cuarto continente apareció la cuarta y última antes de que la segunda llegase. La búsqueda de las mismas en los dos continentes que sabían de la existencia de las dos primeras unió y dio más esperanzas a los supervivientes de aquel enfrentamiento de siglos, de lo que nada había hecho por el hombre jamás.

Las Cuatro Lágrimas de la Tierra, así es como se llamaron a las esferas. Diez años más tarde de la aparición de la primera esfera, los cuatro continentes poblados por los antiguos habitantes de los países pobres y protegidos estaban sembrados de vida por las cuatro esferas. Una vida distinta, más fuerte, más hermosa. Se decidió devolverlas al océano de donde venían. Quizás el choque de los escudos abrió el núcleo de la tierra y se creó un camino hasta el fondo del mar por el que la esferas ascendieron hasta alcanzar los continentes. Quizás fuesen parte de algo que los hombres no estaban preparados para conocer aun siquiera después de aceptar su regalo. Se arrojaron al agua cerca de cada continente. Un acto de madurez por parte del hombre difícilmente comprensible en otro tiempo. Varias generaciones más tarde los hombres viven en un mundo verde y azul, nadan como peces, desafían la gravedad, trabajan bajo el agua, viven cientos de años, sienten la vida ajena como la propia. Los edificios se alzan nobles como los abetos a su misma altura, cubiertos del verdor de las enredaderas que viven en los techos de sus casas y por la calidez de las algas que se enroscan en las paredes de sus lugares de trabajo. Los hombres como sus ciudades y su propia vida surgen de la naturaleza y forman parte de ella. La simbiosis con el medio natural es la vida en el mundo que he visto. Que el regalo perdure es mi deseo.

lunes, 13 de febrero de 2012

Comienzo Alternativo: Tierra (II)

Segunda parte del relato recuperado de los abismos del olvido universitario que tengo a bien enseñarles aquí. No lo dije antes, pero iba implícito en la presentación del post; bienvenidas críticas y correcciones de estilo. No me son ajenas las referencias futuristas (pues con ellas en mente lo escribí), asi que si las aprecian con notoriedad no dejen de apuntármelas para poder aplicar ejercicio de memoria.

TIERRA (II) de Ignacio Garrido Muñoz

Los efectos de este arma fueron más devastadores de lo que se imaginó inicialmente. Murió todo tipo de vida, hasta los microorganismos y las bacterias. Solo en las costas, donde el efecto de la explosión llegó de forma secundaria, sobrevivieron varias generaciones de hombres, animales y plantas. No obstante y para su desgracia el empleo de dicha arma tuvo unas nefastas consecuencias sobre todos ellos. El ciclo vital de todos los seres vivos se redujo brutal y gradualmente a cada nueva generación. En las últimas, una planta común apenas vivía y desarrollaba su ciclo vital en pocas semanas. Siguiendo este ritmo de desarrollo toda la vida de la zona desapareció casi por completo en apenas cien años. La tierra quedo yerma, las rocas, las montañas y la arena se convirtieron en los únicos pobladores de un mundo cubierto de aire vacío. Al lugar resultante se la declaró la Zona Muerta, aunque algunos de forma menos poética la llamaban Tierra 2, para intentar quizá con el mismo nombre alejar esa barbarie de la conciencia física de pertenecer a una especie capaz de hacerse eso entre ellos y a su propio planeta.

Los otros tres países ante la opción de acabar como la Zona Muerta, decidieron mantener los escudos. Estos al cabo de los cien años, habían comenzado a penetrar en la corteza terrestre de forma mas profunda a la que se habían diseñado. En principio una profundidad estudiada como factible para repeler la creación de un túnel o de un posible intento de entrada subterránea acabó por ser excesiva a la hora de mantener el control y estudio de la propia barrera. A más profundidad se daban mayores dificultades de control de la absorción de energía, pero el gasto se mantuvo durante años sin problemas que hicieran sospechar nada malo. La fluctuación de la profundidad de la barrera fue durante los primeros cincuenta años prácticamente inexistente, quizás centímetros. Unas décadas más tarde la precisión de las mediciones no diferenciaba entre los datos de varios centímetros de años atrás y los metros que fluctuaban los escudos en esos momentos. Inicialmente la evolución y crecimiento de estos datos se dió como un imponderable, pese a las reticencias de su creador a no hacer caso omiso a una futura evolución y seguimiento de los mismos. Ni siquiera él llegó a imaginar jamás lo que ocurriría.

Tras ciento cuarenta años desde ese punto, la profundidad de los escudos aumentaba diariamente varios metros y con ello el gasto energético sufría una escalada dramática, pero cuando se decidió abrir una investigación profunda sobre el problema nadie supo en realidad que hacer al respecto. Lo único que se averiguó con la suficiente certeza es que de reducir la creciente exigencia energética de las barreras, se enfrentarían ante la posibilidad casi segura de que éstas no se mantuviesen de forma efectiva y de averiguar eso en el exterior podrían encontrar una forma de entrar finalmente. Fuera de los países protegidos, los intentos por penetrar los escudos no se daban por imposibles aun con el paso de los años, pero sí había descendido el interés por atravesarlos como única forma de intentar convencer a los países protegidos de compartir sus recursos. Las negociaciones habían cobrado más importancia, aunque era la supervivencia lo que realmente primaba. Pese a todo, ocasionalmente algún grupo de libertadores atentaba contra los escudos, con explosivos de neutrones no reactivos o similares armas no dañinas para con la tierra o la atmósfera. El recuerdo de la Zona Muerta viviría entre los hombres para el resto de sus días. Este decreciente interés en el mantenimiento de una negociación hostil por parte de los países pobres desde las fronteras sería un motivo secundario pero que influiría en parte en la destrucción de los escudos. Un ataque en toda regla a los escudos podía suponer un filón de energía para mantener los mismos de forma autónoma durante varios días, incluso semanas.

Se produciría en el país situado más al norte, uno de los intentos más destacados de ataque sobre los escudos a principios del 2200. Recordar este hecho dará pie para entender de forma más profunda las implicaciones de los ataques como posible medio para haber cambiado el curso de la historia de la humanidad, algo que nunca llegaría a suceder. Sería en la colonia C-3 de la antigua región de Carolina, situada en la frontera de Nueva América, en su región más oriental. Cerca del escudo de esa zona se asentaba una de las grandes megalópolis del país y en ella una de las grandes plantas de energía para el mantenimiento de los escudos de toda la zona sur del país. Era de conocimiento popular no solo para los pobladores de la colonia que en esa ciudad se amasaba al menos un diez por ciento de la riqueza íntegra de Nueva América. Tal era la extensión de la ciudad, que aun hoy cuando algún joven decide recorrerla desde su extremo oriental hasta el más occidental, puede llegar alrededor de medio día siendo incluso un formidable nadador. Casi doscientos kilómetros sería su diámetro en la época de máxima expansión. Tras el pacto y unión con las zonas más prosperas del sur de la antigua Canadá, los viejos Estados Unidos expulsarían de su unificación interna en base a la reformada constitución del 2096 a todas las regiones menos afortunadas del sur, apropiándose de forma supuestamente justificada y amparándose en los nuevos estatutos, casi todos los recursos amasados en las capitales de esas regiones que quedarían sumidas en la ruina con el implantamiento posterior de los escudos. El atentado se perpetraría de forma calculada por los primeros libertadores de la unión de las cuatro colonias C. No funcionó.

Al cabo de los ciento cincuenta años, los escudos comenzaron a aumentar su exigencia energética de forma desmesurada. Varios metros por día crecían sin visos de detenerse. La decisión de mantenerlos se mantuvo. En las tres décadas siguientes el gasto que energía dedicado a mantener las barreras igualó al empleado en el mantenimiento de su primer siglo y medio. Los recursos comenzaron a descender dentro de los países protegidos, pero se podían afrontar optimizando los gastos y desviando la energía de las fuentes secundarias. Varias generaciones más tarde, los escudos eran la dedicación de casi el total de la población interna mientras en el exterior se seguía luchando con menos gente y más fuerza por el reparto de unos bienes que seguramente de saber su poca existencia y rápido descenso dejarían de interesar a cualquiera. El fin de la civilización de los países poderosos frente a los países pobres y su civilización de subsistencia tocaba a su fin. El resultado del encontronazo entre ambos intereses sería algo que se esperaba desde hacía años, pero nadie se atrevía a describir, ni siquiera a imaginar.

El primer país en dejar caer sus defensas, situado más al norte, sufrió lo que se podía definir como una venganza atrasada de las generaciones que habían muerto en las fronteras esperando un pacto que nunca llegó. Los escudos se desconectaron al borde del agotamiento energético y los supervivientes asaltaron las ciudades en busca de un mítico botín que jamás encontrarían. La respuesta fue salvaje, el ajusticiamiento de los líderes en público, el asesinato, el robo y el saqueo acabó con toda la decencia que les quedaba a los supervivientes que lucharon con sus propias manos por defender sus vidas. Las armas de poco sirvieron ante la crueldad que se mostraba sin ellas. Las noticias de esta caída forzó un intento de pacto en los restantes países, pero fue un vacuo intento que tras cientos de años y generaciones enfrentadas fracasó estrepitosamente con un atentado en una de las capitales del país más sureño. Uno de los negociadores del exterior ocultó un arma con la que amenazó hacer volar la planta energética principal del escudo perteneciente a la región más próxima a su poblado. Su vida acabó junto con las de casi doscientas personas más y con los planes de negociación de ambos países. Tras tanto tiempo, ya no había esperanza para la relación amistosa entre los pueblos supervivientes. Solo perduraría el más fuerte. Se decidió mantener los escudos a cualquier precio y con ello entrar en el periodo final de desgaste del interior de los países. Fue ésta decisión la que acabaría por destruir el espíritu de esas últimas generaciones de hombres del siglo XX.

Las barreras atravesaban prácticamente el interior de la corteza terrestre hasta el centro del planeta. Nadie jamás imaginó que el choque de las mismas pudiese provocar algo más grave que el propio enfrentamiento de todos los supervivientes. Fue mucho peor. El Día Cero, es como se dió a llamar a aquel instante de tiempo en el que ambos países agotaron sus recursos mientras permanecían enfrentados a los supervivientes del exterior. De haber aumentado los escudos a menor velocidad la energía se habría agotado tan solo medio año después y le historia habría sido distinta, pero no se desconectaron las barreras, chocaron. La energía que fluía por ellas entró en un bucle de absorción interna y el resultado fue un colapso total de cualquier pulso energético generado de forma artificial. Una variante infinitamente más invasiva y duradera del conocido pulso electromagnético que tanto asustó a la tierra a finales del 2012 en forma de broma pesada solar de ecos mayas. Toda la tecnología se destruyó. Cualquier sistema digital, eléctrico o electrónico se fundió de forma inmediata y en un chasquido de dedos, el hombre volvió a sus orígenes. Los poblados-ciudadelas situados en las fronteras de los países protegidos y cercanos a sus antiguos escudos habían desarrollado pese a la precariedad de la supervivencia cierta tecnología, y en el interior el desarrollo de la cultura y los avances del ser humano aunque muy limitados no habían desaparecido por completo. En el Día Cero lo hicieron. La memoria individual y colectiva de los ordenadores se volatilizó, las redes y bancos de comunicación y almacenaje de datos, conocimientos, memoria, sabiduría humana se perdieron. Solo los datos escritos cientos de años antes, que ya se consideraban reliquias, perduraron. Todos los sistemas cifrados, encriptados y perfectamente diseñados para la imposibilidad total de pérdida de toda esa información no sirvieron de nada. Todas las ideas y avances del hombre en los últimos cientos de años simplemente desaparecieron. La oscuridad devoró la faz de la tierra. Alguien se atrevió a llamar al resultado de dicha desgracia Tierra 3.

Pese al resultado del choque de los escudos los supervivientes del exterior entraron en la ciudades como habían hecho en el país del norte sus semejantes, pero sin violencia, sin expectativas, sin esperanzas. Si los escudos habían caído y la tecnología desaparecido, poco quedaría dentro de interés. Los habitantes del interior a su vez decidieron salir y algunos incluso se aventuraron dando por perdidas sus vidas a navegar a vela hasta la Zona Muerta e intentar acabar allí sus días como acto simbólico final de una expiación para todos sus actos egoístas. Fueron acompañados por algunos de los supervivientes del exterior. Con la destrucción de todo lo que había conseguido el hombre, se consiguió al fin unir al propio hombre, pese a que el tiempo que les quedaba se daba prácticamente por perdido, pues una vez en la Zona Muerta sobrevivirían pocas generaciones sino ninguna, o eso pensaban.

sábado, 11 de febrero de 2012

Comienzo Alternativo: Tierra (I)

Hoy comienzo la recuperación de un relato (en tres partes) con el que participé durante mi estancia en la UAM en un concurso literario. No gané, de hecho ni me acerqué, pero no está tan mal como uno espera encontrar ciertas cosas con el paso del tiempo. He intentado modificarlo lo menos posible.

TIERRA (I) de Ignacio Garrido Muñoz

He visto un mundo en el que hombres y árboles se comunican, hablan entre sí. Un mundo en el que desde la entrada de tu casa puedes nadar hasta tu trabajo y jugar con tus hijos entre algas ramificadas y helechos polimorfos que te acarician los pies mientras contemplas un valle verde y frondoso de enormes abetos subacuáticos y bloques de edificios que nacen bajo el agua. No lo he visto porque lo haya imaginado en mis sueños, lo he visto porque ella me lo ha mostrado, porque es un deseo que no puede llegar a no cumplirse, porque la alternativa a ese mundo es la desolación de otro cubierto por frías aguas contaminadas, pobladas de bacterias y organismos microscópicos que se devoran los unos a los otros mutando y adaptándose cada nueva generación a más oscuridad y menos calor.

El mundo que nos aguarda comenzará dentro de unos cuatrocientos años y llegará a ser el mundo que os describo doscientos años más tarde. Cuando los recursos naturales generadores de la codicia del siglo XX y del siglo XXI, se agoten definitivamente a finales del 2095, el hombre luchará entre sí por las fortunas amasadas en los cuatro países más ricos del planeta, que sumarán casi el total de la riqueza mundial. Los acontecimientos se desarrollaran de forma trágica pese al pacto de desarme y eliminación nuclear de mitad del siglo XXI, empleando para defender sus respectivos intereses tres de esos cuatro países las armas de absorción de energía, en principio calculadas como medio de contención a las enormes migraciones humanas de los países pobres hacia los ricos, creando escudos de fuerza no violenta en las fronteras. Irónicamente estas armas y su uso continuado acabarían necesitando de tal cantidad de energía que las tres grandes potencias que las usaron redujeron sus recursos hasta agotarlos dándose cuenta demasiado tarde de las consecuencias de su decisión.

Las masas de población de los países pobres acamparon en las fronteras de los países ricos sin poder entrar, muriendo durante varias generaciones y descendiendo de forma exponencial el número de supervivientes de cada nueva generación. Algo similar ocurriría en el interior de los países ricos, aunque los propios gobiernos impedían que este hecho se difundiese fuera de las fronteras. En el interior las familias al principio estaban limitadas a tener un solo descendiente, pero esto cambiaría con el tiempo, siendo el sorteo genético entre los más afortunados el que decidiría quienes verían el siguiente e incierto paso de la existencia del hombre en la tierra, además de cargar con la responsabilidad de decidir que hacer con los nuevos problemas que les aguardaban y que sin duda aumentarían durante sus vidas. Tan solo uno de cada setecientos cincuenta sobreviviría en el interior de los países afortunados con cada nueva generación. Tan solo uno de cada noventa mil sobreviviría fuera.

Los escudos eran comparables a unas grandes redes de energía electromagnética que repelían cualquier intento de ser atravesados o destruidos. Como un gran electroimán que rechazaba no solo las partículas cargadas con el polo contrario, sino todo lo que se le aproximase. Tocarlos no dolía, era como lanzarse contra la pared de un castillo de aire, te introducías sensiblemente en el escudo y te lanzaba hacia fuera, cuanto más intentabas introducirte, más lejos salías despedido. Durante años y años se intentó atravesar los escudos con fuego, explosivos, cargas de plasma, electricidad, sin ningún resultado. Cuanta más energía se empleaba en intentar destruirlos o debilitarlos más fuertes se hacían y a su vez menos energía debían emplear en el interior de los países protegidos por los escudos para su mantenimiento. Fue el sistema de defensa más revolucionario y exitoso de la carrera armamentística del hombre moderno y a la larga el más catastrófico en la historia de la humanidad. La energía que este dispositivo requería debía ser constante, pero al cabo de ciento cincuenta años la exigencia energética comenzó a aumentar. Su creador había muerto muchos años atrás y dada su infalibilidad durante tanto tiempo nadie se había aventurado a mantener que el estudio sobre el sistema en cuestión fuese necesario, simplemente lo mantenían y supervisaban una serie de técnicos que poco sabían en el fondo del complejo sistema de propagación de los escudos.

Asimismo al cabo de dos generaciones, de entre los científicos elegidos como candidatos a tener descendencia, se había excluido por completo a los estudiosos de los campos de fuerza y la antimateria. Las necesidades inmediatas premiaban sobre los posibles avances de un futuro que nadie sabía con certeza si llegaría realmente. Por todo estos hechos, una vez los escudos comenzaron a absorber más energía de la que se tenía prevista nadie supo averiguar el por qué de este hecho y por supuesto nadie supo como resolverlo, por lo que se decidió seguir manteniéndolos, pese al enorme gasto que supondría en previsión de un mal mayor si estos se desconectaban. La energía se restringió de otras fuentes de consumo, declaradas entonces como secundarias. Fue en ese punto cuando todo comenzó a empeorar dentro de los países ya no tan prósperos.

No obstante el cuarto país que decidió no emplear sus defensas contra las poblaciones necesitadas no corrió mejor suerte. Pese a su lejanía respecto a estos países, se vió invadido por mucha más gente de la que debió prever su gobierno, que contemplaría su alejamiento geográfico como una ventaja a la hora de no recibir las enormes migraciones que los otros países sufrían. No fue así. Se intentó realizar un reparto adecuado, pero muchos de los foráneos vieron esto como un ultraje a sus esfuerzos de haberles robado a su vez a todos esos pueblos durante tantos años los recursos que ahora se querían repartir. Las dos facciones en las que se subdividió el país se enfrentaron en revueltas que acabaron con la eliminación de casi la totalidad de la población al hacer detonar el líder radical de los foráneos un dispositivo de pulso vital, una bomba que nadie se había atrevido a probar nunca y que en teoría provocaba la muerte biológica a cualquier ser vivo en un radio limitado pero desconocido. Este artefacto fue uno de los últimos avances en la carrera de armamento y que como muchos otros, nadie pensó en que se llegaría a utilizar en un conflicto real, pero cuando se tiene un arma se acaba utilizando, ese es su fin, ser usada pese a quien pese. Es lógico pensar que lo último en lo que pensó aquel hombre antes de detonar la bomba fue en ese razonamiento tan absurdo y común en el hombre: “O para mí, o para nadie”...

sábado, 31 de diciembre de 2011

Final Alternativo: Ana y Otto

El último día del año, la última entrada de este año tiene que ser algo diferente. El final de un comienzo que se ha prolongado demasiado tiempo. Y nada mejor para cerrar algo antiguo que comenzar algo nuevo.

FINAL ALTERNATIVO: ANA Y OTTO

"Que nadie me despierte hasta la hora de comer". Ana lo dijo solo con palabras mientras retrocedía hacia el camino de la cabaña, sin ningún deseo, con la decepción brillando en sus ojos por la ausencia de correspondencia para ella en el coche de reparto. La mensajera le sonrió con tristeza. El día de San Juan, el Sol de la medianoche, solo le habían traído un sueño frío de recuerdos inconexos al borde del lago y ahora quería dormir de verdad. Sumergirse en el olvido y volver a soñar con Otto, estar junto a el en sueños. La mensajera se puso en marcha mientras dejaba a su lado, en el asiento del acompañante, la carpeta con el listado de entregas sobre un paquete plano y alargado -posiblemente un libro o una revista- que tapaba el periódico del día, el cual todavía no había tenido tiempo ni de ojear debido al retraso causado por una noche extraña incluso para ella, natal de aquella tierra.

Otto permanecía suspendido, a punto de cerrar su único círculo en soledad y silencio, habiendo abandonado casi la posibilidad de descolgarse de aquel árbol por sí mismo. Entonces escuchó aproximarse un coche y cuando lo hubo atisbado entre las ramas gritó y se retorció todo lo que pudo llamándolo hasta quedarse sin pulmones durante los segundos que lo tuvo a la vista cruzando frente a el. Pero el coche no paró. Ni siquiera sintió que le hubiese percibido y comenzó a zarandearse violentamente atrapado en el arnés del paracaídas por pura impotencia. Entonces una rama se rompió por la fuerza de su frustración y cayó unos metros más, dejándole un poco menos oculto, a un poco menos de altura de lo que su avión le había lanzado hacia Ana, un poco más cerca del suelo, de ella. Y al cabo de un instante escuchó otro motor en la distancia, más nítido y potente en esta ocasión. Esta vez si logró que el conductor le escuchase con sus gritos y le localizase con sus aspavientos acto seguido a bajarse este del vehículo.

Aki, como así se presentó una vez hubo ayudado a Otto a descender, le repitió varias veces lo innecesario de sus constantes y efusivos agradecimientos. Entonces Otto le preguntó por Ana. Aki le condujo hacia un claro del bosque que daba a parar al lago, al otro extremo del mismo se encontraba la cabaña. El pequeño camino lo bordeaba sin llegar a atisbarlo y luego se bifurcaba en dirección hacia las dos ciudades más cercanas. El salvador finlandés le dijo a Otto, que Otto (el dueño de la cabaña) le enviaba a Ana una invitación para comer juntos el día que se fundía con la noche y que ese era el motivo de su presencia allí, gracias a lo que el improvisado paracaidista se había librado de quedarse colgado en el bosque.

Otto le preguntó: "No tendrás un cigarro, ¿verdad?", a lo que Aki respondió negativamente, pero pese a ese pequeño detalle todo lo demás había sido prácticamente perfecto, así que se despidió de el y le dijo que él mismo le llevaría la invitación a ella, después de todo era mensajero. Gracias, dijo una vez más. Aki rió repitiendo lo innecesario del agradecimiento y se volvió a internar en el bosque. Otto comenzó a caminar por el borde del lago en dirección hacia la cabaña. Durante los minutos que aquello duró tuvo tiempo de recordar casi tantos fragmentos y memorias de ella como Ana había soñado esa noche improbable con él de protagonista, teniendo en ocasiones la impresión de alejarse en lugar de acercarse a la cabaña. Pero al final llegó.

Con una mezcla de ansia, excitación, miedo y plenitud alcanzó el porche. La cercana silla vacía con restos de migas de pan a su alrededor todavía parecía contener algo del calor de su ocupante de horas antes. El aroma de ella impregnaba la mañana al borde del lago. Otto hizo ademán de llamar, pero sintió de pronto un escalofrío al recordar la puerta de la cocina de la casa de sumadre, así que bajó la mano y dejó fuera el miedo con la puerta cerrada. Se aproximó a la ventana más próxima y la empujó con suavidad. Por pura casualidad esta se econtraba abierta. Saltó dentro de la cabaña y en la pared de su izquierda echada boca abajo, tapada casi entera por una manta de color claro en una cama pequeña encontró a Ana, de la que apenas se apreciaba el negro de su pelo bordear la almohada.

Cuidadosamente se acostó a su lado sin preocuparse de nada excepto de quitarse las botas y el abrigo. Ella seguía durmiendo. Otto se metió en la cama y con delicadeza arrastró la manta por encima de su hombro hasta quedar cubierto junto a ella. Alzó la vista y observó a Ana, dormida con la cabeza apoyada de lado en paralelo a la suya. Otto sonrió con serenidad mientras el universo entero estallaba en su interior. Sacó del bolsillo de su pantalón el avión de papel que Ana le había enviado en la carta a casa de su padre y lo deslizó dentro del puño semi cerrado de ella. La pregunta de amor no estaba escrita en ese avión, pero tampoco hacía falta, el ya conocía la respuesta. Y Otto se quedó dormido junto a Ana dentro del círculo polar.
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