jueves, 7 de julio de 2011

Cómic: Midnight Nation

Hoy comentario/crítica/reseña de MIDNIGHT NATION. Dentro del mainstream americano siempre puede uno encontrar cosas interesantes, ya que es tan basto y variado que caben en el mismo hasta pequeñas sorpresas como la que hoy comento. Un cómic de carácter existencial y religioso disfrazado de road-movie fantástico-terrorífica que es al tiempo una fábula social.

MIDNIGHT NATION de J.M. Straczynski y Gary Frank: ***1/4

Puede parecer dificil de creer a priori que un tebeo serializado que narra las aventuras de un detective al que le han robado el alma y que cruza los Estados Unidos para recuperarla pueda trascender su propuesta inicial de asesinato + investigación + sorpresa de tintes fantásticos. Pero de hecho lo consigue y de un modo realmente interesante, deshilachando ideas sucesivamente más ricas y complejas de una madeja inicial algo manida. Y lo hará gracias a una metáfora un tanto traída por los pelos (justificada por los tintes autobiográficos en los que se basa) sobre los desheredados de una más que familiar sociedad capitalista salvaje e imbricando su anulación dentro del sistema con los mimbres metafísicos y religiosos arriba mencionados. Una amalgama de ideas que Straczynski  desarrolla con tino y buenos diálogos sin dejar de lado una ocasional acción algo forzada pero efectiva con la que ir salpicando el viaje del protagonista de algo de colorido físico. También su reflexión sobre el deus ex machina que mueve el relato resulta atractiva, conjugando y contrastando los modos de enfrentarse ante la existencia (esperanza y fe frente a pérdida, olvido y libertad) pese a lo maniqueo de la propuesta y lo limitador de la misma a medida que se alcanza la resolución. Asímismo la dosificación temporal de la trama no fluye con la intensidad requerida por el margen planteado, al menos no en su lectura integral (probablemente esto fuese paliado con su consumo mensual serializado) en la que no se aprecia el paso de un año - sino mucho menos tiempo - en el devenir de los personajes.

Quizás por mis excesivas expectativas tras los muchos buenos comentarios vertidos sobre la obra, quizás por un dibujo correcto pero poco interesante de Gary Frank (la historia ofrecía para el lucimiento muchas posibilidades, siendo el capítulo extra dibujado por Michael Zulli un claro ejempo de ello) para el que suscribe, quizás por un final algo previsible y blando - que se arregla parcialmente con un hermoso epílogo - para con todo lo vivido por los personajes, MIDNIGHT NATION me parece un tebeo que no alcanza a conquistar todo su potencial. Y con todo es una obra estupenda, diferente, estimulante y más que recomendable, además de resultar rabiosamente actual dados los derroteros de declive económica que asola las clases menos favorecidas cada vez más y que el relato muestra de modo descarnado.

Debo agradecer aquí a los buenos amigos que me la regalaron (entre otras joyas mejores todavía) el poder disfrutarla en esta magnífica edición en tomo de tapa dura publicada por Norma. "Lo mejor de la vida es estar con los amigos" (E. Campell). Gracias.

martes, 5 de julio de 2011

Cine: Annie Hall

En plena convalecencia (y durante el finde anterior a la misma) he estado revisando varios títulos clásicos de Woody Allen para regocijo y estímulo intelectual. Hoy unas palabras sobre una de sus grandes cintas, una joya absoluta del Séptimo Arte.

ANNIE HALL de Woody Allen: *****

Arriba he apuntado lo de "títulos clásicos" consecuentemente con mi catalogación del cine del newyorkino, diferenciando en su filmografía tres grandes étapas. La primera viene a ser la "pre-genial" desde su primera cinta LILLY LA TIGRESA (1966) hasta LA ÚLTIMA NOCHE DE BORIS GRUSHENKO (1975), puliendo y destilando entre ellas su sentido del humor inconfundible dentro del discurso narrativo fílmico al tiempo que descubre y aplica dichos recursos cinematográficos, pero experimentando también con pequeñas subversiones estilísticas (toda vez que continuos homenajes cinéfilos) que culminarían con el salto cualitativo de ANNIE HALL (1977), película que inaugura a lo grande su segunda época - la "genial" para el que suscribe - que se extendería hasta MISTERIOSO ASESINATO EN MANHATTAN (1993). A partir de entonces un claro declive y cierta autocomplacencia se adueñaría de la cinematografía - post "genial" - de Allen, empeñado en mantener su nivel de aportación anual a costa de una más que evidente irregularidad salpicada eso sí de algunos títulos notables. No obstante entre 1977 y 1993 lo mínimo que ofrecía era poco menos que escandalosamente bueno, sorprendente, rico, complejo y desafiante, contando sus aportaciones cómicas entre lo más florido y desternillante del humor del siglo XX.

ANNIE HALL es un derroche continuo e imparable de situaciones memorables y diálogos chispeantes. Escenas como la espera en la cola del cine, la cocina de langostas o la visita familiar permanecen como imborrables en la retina del espectador; situaciones geniales donde Allen rompe las reglas expositivas del lenguaje cinematográfico, subvirtiendo su narrativa o forzando la interacción emocional en flashbacks desopilantes. Incluso se atreve a sexualizar conceptos de películas Disney o cruzar la barrera de la ilusión generada por la pantalla dirigiéndose directamente al espectador para compartir con nosotros (o con cualquier transeúnte anónimo de la calle o lugar en el que se encuentre) sus inquietudes e inseguridades. A fin de cuentas con esta memorable película se inaugura el gran catálogo de obsesiones personales del autor (dando por elaboradísimos ensayos los títulos previos en los que trataba alegremente el sexo - TODO LO QUE VD SIEMPRE QUISO SABER SOBRE EL SEXO - o la muerte - BORIS GRUSEHNKO) abordadas con una mano ya maestra en el arte de narrar y conectar emocional e intelectualmente con un público tan aturdido por la explosión de talento como rendido a los piés de un artista multidisciplinar y único.

Nunca antes se habían integrado tantos temas cardinales sobre la existencia y las relaciones humanas con semejante fuerza conceptual, frescura, desparpajo y sentido del humor, haciendo un uso del mismo (las réplicas, chistes y puntillas que Allen llega a desembuchar por minuto resultan por momentos inabarcables) avasallador e imponente, sin dejar de lado el intimismo y la delicadeza más desarmantes. Un par de años más tarde el realizador alcanzaría el paroxismo estilístico con otra de sus grandes obras magnas; MANHATTAN, pero con ANNIE ya ha alcanzado la cima de su creatividad dialoguista, creando un burbujeante crisol de irreverente potencia emocional, de inagotables recursos narrativos y sobre todo un bálsamo de noventa minutos para el alma al que poder recurrir siempre que lo necesitemos. ANNIE HALL no solo es una de las mejores comedias de la historia del cine (quizás la mejor), es además una obra maestra cinematográfica y un desenfadado manual existencial sobre la vida y las personas que aguanta impertérrito el paso del tiempo. Absolutamente imprescindible su visionado periódico.

domingo, 3 de julio de 2011

Cómic: Vida y Muerte del Capitán Marvel

Hoy comentario/crítica/reseña de VIDA Y MUERTE DEL CAPITÁN MARVEL. La editorial Panini lleva tiempo recuperando grandes clásicos marvelitas. Si bien ya he reconocido con anterioridad mi gran desconocimiento en este campo, también he confesado mi pasión absoluta por el autor responsable de la obra aquí comentada.

VIDA Y MUERTE DEL CAPITÁN MARVEL 
de Jim Starlin y Mike Friedrich: ***3/4

Vivir y morir en el cómic, en especial lo segundo dentro del universo Marvel en particular es a día de hoy una hazaña denostada y más estrategia de marketing que otra cosa. La figura del superhéroe y sus señas de identidad más identificables han ido alterándose y buscando nuevas formas de exploración en manos de nombres inquietos y arriesgados como Alan Moore y su recientemente comentada SUPREME, que buscaba profundizar en la dimensión icónica del mito o en el caso de Jim Starlin y su CAPITÁN MARVEL, la dimensión cósmica, humana y mortal del mismo. Un punto de vista que lejos de ser novedoso en concepto, si que lo fue en su forma de abordar la cualidad dramática del hecho de la muerte de un personaje a priori superpoderoso. Más todavía teniendo en cuenta el modo escogido por el artista para finalizar la existencia del personaje, acercándolo a su recién perdido padre por el cáncer (y sugiriendo un sinfín de segundas lecturas en cuanto a paralelismos y conexiones emocionales), transformando de este modo un ya de por sí importante capítulo final en todo un acto de exorcismo personal y purga existencial. Así pues Starlin hizo vivir sus mejores aventuras al Capitán Marvel y también se encargó de darle la mejor muerte posible.

En sus manos y durante la VIDA DEL CAPITÁN MARVEL (***1/4) incluida - toda la guionizada y/o dibujada por el creador de DREADSTAR - en este nuevo y flamante tomo de Panini, las tramas arrojadizas e irreflexivas del superhéroe pronto encuentran su camino hacia las debilidades y obsesiones cósmicas heredadas de Kirby, introduciendo dentro de la saga del guerrero Kree a su personaje estrella, Thanos el titán loco - crucial en el devenir de la serie -, así como a los hermanos Sangre o el desarrollo de conceptos como la metamorfosis del protagonista hacia un estado superior de "conciencia cósmica". También habrá episodios previos en los que reflexionar sobre la muerte (el dramático final de un enemigo de Marvel provocará un significativo cambio moral en su forma de entender la lucha y el combate) normalmente anónima de los contrincantes del personaje central. Hecho ya de por sí atrevido, pues en las sagas serializadas eliminar de modo permanente un caracter supone quedarse sin la posibilidad de volver a usarlo más adelante en nuevas aventuras. Progresiva y sutilmente Starlin enriquecerá la serie apelando a una dimensión aventurera colosal donde el protagonismo coral se alternará con la digresión de elementos típicos de la figura super-heroica como el uso del alter ego (alojado en la zona negativa), que acabará casi por desaparecer frente a las posibilidades que el artista encuentra en la interacción conjunta y los contrastes de personalidad entre Marvel y Rick Jones funcionando al unísono en el mismo plano.

Se conseguirá de este modo revitalizar una saga clónica y harto extinta, reconvirtiéndola en un nuevo tipo de aventura de caracter multidisciplinar sin por ello olvidar los habituales parámetros del género (cliffhanger de infarto, sorpresas en el devenir de los episodios, apariciones estelares, etc...) hasta alcanzar con ella el ambicioso objetivo de implicar a casi todo el universo Marvel en las aventuras del Capitán, lo cual serviría a la postre para hacer más sentida y dramática su desaparición. De este modo llegado el momento de eliminar al personaje de la Casa de las Ideas, no podía ser otro que el autor de sus mejores momentos el responsable de escribir su último capítulo. LA MUERTE DEL CAPITÁN MARVEL (****1/4) supone la quintaesencia de la emoción en el tebeo de superhéroes, no solo por la evidente fuerza trágica de la situación, sino por lograr en su último tercio uno de los finales más épicos y gloriosos jamás concedidos a un personaje superheroico. Tras una recopilación autobiográfica de logros y errores, el Capitán acaba postrado en una cama, débil, moribundo, avejentado, recibiendo en su lecho a toda la ristra de amigos y enemigos que por su vida se han cruzado, realizando un recorrido vital emotivo y por momentos algo lacrimógeno, donde veremos la negación, el dolor, el miedo y la aceptación en los rostros de los mismos a lo largo de una concatenación de escenas poderosamente humanas y naturales.

Con una puesta en escena directa, doliente y sincera asistiremos a una de las despedidas más nobles y realistas ilustrada en viñetas. Pero Starlin se guarda su mejor as en la manga para la recta final. Comatoso y ya en un limbo entre mundos, el protagonista vivirá su más grandiosa aventura frente a su sempiterno archienemigo Thanos con la Muerte como espectadora de lujo. Dificil resulta describir con palabras la sensación de épica incontenible que son capaces de destilar las últimas páginas de esta obra, convirtiendo a un héroe a punto de caer en leyenda gracias al hecho de haberse enfrentado como hombre a la muerte, aceptándola como parte ineludible de la vida. LA MUERTE DEL CAPITÁN MARVEL es sin duda uno de los tebeos de tipos en pijama más emocionantes que un servidor haya leído nunca.

Pero como compilación de historietas integradas dentro de un gran batiburrillo de series y cross-overs continuos, este tomo denota la falta de homogeneidad que a la larga cualquier serie de este tipo sufre pese al esfuerzo por mantener su propia continuidad. El dibujo será el primero en dejar entrever la primeriza mano de Starlin a los lápices en algunos capítulos, así como la infantil resolución de diversas situaciones en otros, o la alternancia de dibujante y guionista que subrayan la ocasionalmente débil puesta en escena secuencial de diferentes momentos. Si añadimos a esto la apabullante madurez creativa del autor en el episodio conclusivo, la sensación de falta de consistencia en el conjunto hacen bascular el tomo hacia cierta irregularidad (por esto la diferencia de notas entre VIDA DEL CAPITÁN MARVEL - que oscilaría entre la nota máxima de sus mejores capítulos con ***1/4 - con LA MUERTE DEL CAPITÁN MARVEL y su merecido ****1/4), resuelta eso sí con una consistente asimilación de peso específico en el desarrollo de las historias, progresivamente más sólidas y coherentes, lo cual denota el adueñamiento de Jim Starlin de todos los parámetros de la saga hasta convertirla en una auténtica primera espada.

Pequeños detalles aparte, el formidable volumen editado por Panini viene a resultar imprescindible, no tanto - para el no aficionado marvelita - por lo que supone como punto de inflexión dentro del tebeo superheroico y de la propia compañía (amén de lo que debiera ser matar un personaje con dignidad y no meterlo en la despensa temporalmente para resucitarlo a la vuelta de la esquina), sino por el hecho de permitirle a un creador ejemplar el modelar y transfigurar los elementos prototípicos de un género hasta redefirnirlos y hacerlos parecer nuevos, más cercanos y emocionantes. Una obra soberbia que no debería faltar en la colección de ningún aficionado al cómic.

sábado, 2 de julio de 2011

BSO: Pascal Gaigne (III)

La aportación musical del autor de GORDOS a la cinematografía de Gracia Querejeta resulta cuando menos refrescante, dados los pasos previos siempre de la mano de Ángel Illarramendi. Mientras éste aportaba emotividad y liberación final en función de una asociación temática directa, Gaigne explora con éxito el acompañamiento sonoro desde su vena creativa cercana al minimalismo.

SIETE MESAS DE BILLAR FRANCÉS de Pascal Gaigne: ***

Para esta cinta el compositor de origen galo echa mano de su particular estilo escribiendo una partitura sencilla, algo esquemática en su propuesta temaria, pero plenamente satisfactoria en desarrollo y cualidades melódicas, algo a lo que nos tiene acostumbrados. Para ambientar y acompañar el drama de la protagonista de la cinta en su viaje de redescubrimiento paterno póstumo y la propia reconstrucción vital en la que se embarca a raíz del mismo, el autor opta por construir cuatro temas destacados que funcionarán como pilares emocionales en la narración. La predominancia del piano se hace notar de forma casi continua durante toda la partitura, resultando ser el eje sobre el que se apoyan todas las emociones importantes de la película. El primero de esos temas será el que de título al film “Siete mesas de billar francés”, que abre el disco de forma estupenda, asociando directamente su sonoridad y estructura a la melodía principal de LE COU DE LA GIRAFE (deudora de su "L´Enfant Debout"). La pieza en sí resulta tan agradable como poco sorprendente dentro de la carrera de Gaigne, una suerte de vals para piano y cuerda que aúna melancolía con ribetes cómicos y que llegará a aparecer hasta tres veces en distintas versiones posteriores. Más interesante, aunque igualmente predecible en formas resulta el segundo tema “Avanti”, un animoso scherzo del que también encontraremos diversas variaciones a lo largo del score y que puede recordar a un vivaracho Elmer Bernstein en su mejor época.

El drama se aborda con una líneas menos predecibles, en cuya profundidad se atisba la mezcolanza de los sentimientos más hirientes que se abordan durante la trama. Los cortes “Reflexiones” y “Casi silencio” resultan ser estos ejercicios de contención, destacando en ellos la conmovedora cuerda que acompaña al primero y el piano durante el segundo. Al igual que los iniciales temas más deudores de la rítmica, los momentos pausados también experimentan varias apariciones e incluso se intercalan con aquellos como se puede apreciar en la segunda parte de “Casi silencio”. Del conjunto que configura este cuarteto temático tan solo se escapa una pieza autónoma, que destaca dentro del mismo por su carácter opuesto; la pista “Xi-Xi” que desgrana un momento diegético pulcramente escrito y ejecutado que ambienta una escena en un restaurante oriental, con la consiguiente sonoridad étnica que le corresponde. La conclusión final de “Umbral” –pieza que cierra la selección de música original que apenas alcanza los 35 minutos– aglutina varios de los temas importantes dando cuerpo a una conclusión lógica para una partitura sobria, elegante y que incluso sin elementos especialmente destacables, consigue en la brevedad de sus planteamientos convencer por completo en su recorrido dramático, hermoso, sentido y directo.

Puedes leer la reseña original y completa en Scoremagacine.

viernes, 1 de julio de 2011

BSO: Pascal Gaigne (II)

Hoy nueva recuperación de reseña pretérita acortada para la ocasión. Un trabajo dramático e intimista que se cuenta entre los más sentidos y bellos del autor de procedencia gala.

EL OTRO BARRIO de Pascal Gaigne: ***1/2

La banda sonora se abre con “Preludio” un pasaje hipnótico para violín solista, un fragmento de concepción, como es habitual en el autor, minimalista, circular y obsesiva, no carente de cierta belleza desgarradora. La base temática de la partitura se centrará a partir de aquí en dicho tema (apelando en su estructura y sonoridad agónica al pathos aparentemente irremediable del destino), y un segundo que hará su aparición en "Del barrio al cielo”, una melodía triste y afligida que se inicia a piano pero que se desarrolla posteriormente con viento y florituras en la cuerda que retoman el pasaje inicial, deslizándose con sutilidad hacia un impresionismo cercano al virtuosismo de Alberto Iglesias, pero sin perder el rumbo dentro de la orquestación y estilismo propios del compositor.

En “Gloria” encontramos un doliente nuevo tema para cello y piano, donde la capacidad emotiva del responsable de PIEDRAS queda demostrada con creces al desgranar una melodía sentida y de poso romántico. Variaciones sobre el tema central como “Recuerdos” o “Anibal”, momentos introspectivos, pausados y de tintes psicológicos como “Fortuna” o “Sueño Ramón”, e incluso pistas más intensas como la inquietante “Ulls Tancat” o el dramático “Querida amiga”, van dando cuerpo a la obra mientras breves instantes de misterio como “Sala lectura” o “Luna” se van introduciendo en el discurso apelando al desasosiego con brillantez y los elementos más precisos.

Como los dos temas mas importantes se fusionan, se aproximan y se interrelacionan, nos da la clave para la aproximación emocional que el abogado va sintiendo por el joven al tiempo que se redescubre a si mismo, algo que “La caja de fotos” desvela con ejemplar elegancia mientras la partitura se acerca a su conclusión con la sobrecogedora segunda parte del “Ulls Tancat” y “Final”, revisitación del tema inicial que abre y cierra la banda sonora con ese sentimiento descorazonador de liberación no alcanzada, de espiral e historia circular inconclusa, en la que los sentimientos no cicatrizan, pese a que si lo hagan aparentemente las vidas de las personas para poder seguir adelante. Un trabajo excelente.

Puedes leer la reseña original completa en Scoremagacine.
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