martes, 23 de agosto de 2016

Tv: Stranger Things Temporada 1

La serie que ha encandilado a una legión de nostálgicos consumidores de productos audiovisuales ochenteros y que ha dejado tibiamente indiferente a una minoría de escépticos de la memorabilia se merece un comentario crítico justificado.

STRANGER THINGS TEMPORADA 1 de The Duff Brothers: **3/4

La lente deformante de la memoria nostálgica hace que no solo veamos el pasado con más cariño y aprecio del que posiblemente se merece, sino que prime en nuestro ojo crítico -tamizado por el recuerdo de épocas pasadas más felices e inocentes- los valores relativos a la propia asociación emocional que a la comparativa artística. De este modo la primera temporada de STRANGER THINGS supone el ejemplo televisivo del cajón desastre ochentero hecho con mímesis y adoración por las fuentes originales, a saber: Steven Spielberg, John Carpenter, Stephen King, LOS GOONIES, EXPLORADORES, etc... Pero a costa de periclitar la esencias se pierde algo del sentido original de las mismas y la copia impoluta no deja entrever costura alguna en su envoltorio, lo que supone una amarga lectura entre líneas para los que quieran alcanzarla: en el fondo STRANGER THINGS no es más que una copia de un montón de clichés que nos gustan porque los vimos en el momento adecuado con los ojos adecuados. Resulta casi igual de entretenida, divertida y emocionante que sus originales, pero el casi es un abismo de autenticidad del que ya adolecía SUPER 8 de J.J. Abrams, maestro de ceremonias en el uso de la memorabilia como sustento de todo su ideario. Es como comprar una réplica de algo que no puedes tener original, en tu interior sabes que no es auténtico.

Dicho esto, la producción tiene un impecable acabado y hay evidentes elementos de calidad; dirección ágil, actores jóvenes consistentes y veteranos en su sitio (Wynona Rider está algo sobreactuada, pero David Harbour lo borda), banda sonora cómplice. Su visionado es ameno, con golpes humorísticos acertados, buena dosificación del misterio y por supuesto final abierto. Todo en ella funciona, pero no llega a convencer ni a ser algo más que un producto demasiado ensamblado con el homenaje como objetivo principal, en lugar de intentar buscar su propia voz por minúsculo que sea el apartado deseado para ella. Y es por esto, por no lograr superar el hecho de ser un fotocopia sin entidad, que mi apreciación sea tan poco entusiasta.

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